sábado, febrero 23, 2013

Tomás de Aquino: (otro) misógino


Se ha publicado, a nombre de José Luis Bellido, una réplica al análisis que hice sobre la situación de la mujer en la extensa obra “Suma Teológica”, en afán de exculpar la misoginia de Tomás de Aquino, su autor. Según el replicante leí mal porque confundí la acepción de la expresión “el hombre” en dos momentos de la cuestión 92 de dicho libro. Aquí lo detallo:

1.      Tomás de Aquino escribe: “Por su parte, el hombre se ordena a una operación vital más digna aún: entender. Por eso, en él era conveniente una mayor distinción de ambas potencias, de modo que la hembra fuese hecha separadamente del varón”. Yo entendí que hablaba del varón como portador de operación vital más digna, y según el autor de la réplica debí entender que se refería a varón y mujer, pues “Santo Tomás entiende por hombre al varón y mujer” (sic.)


2.      Dice otro pasaje de “Suma Teológica”: “Este es el sometimiento con el que la mujer, por naturaleza fue puesta bajo el marido; porque la misma naturaleza dio al hombre más discernimiento.” Aquí también entendí “varón”; y el replicante dice de mí lo siguiente: “para él el hombre es varón, mas no mujer”.

Primero debo reconocer la ambigüedad con que lidiamos al tratar de descifrar elsignificado preciso de la expresión “el hombre” en ambos casos, y debo aceptar que sí se puede entender lo que afirma el replicante. Más aun, veo muy probable que en el primer caso sí se refiriera Tomás de Aquino a varón y mujer porque ahí habla de potencias distinguidas, término éste —“potencias”— con el que en varias ocasiones se refiere a los distintos sexos en el mismo texto; a pesar de que el término “potencias” se podría interpretar también como un mención a las funciones de reproducción y entendimiento.

Enseguida citaré varios momentos textuales de la cuestión 92 de “Suma Teológica” (marcando con asterisco aquellos en que no se expresa necesariamente la opinión del autor sino de otros a modo de antecedente, para evitar controversias innecesarias conociendo ya la predisposición de mi contendedor; o sea, para que no se diga que estoy asumiendo que el autor dijo cosas que no dijo):
  • ¿Debió o no debió ser hecha del hombre?
  • ¿Y de la costilla del hombre?
  • la mujer es inferior al hombre en dignidad y en poder *
  • Dios previó que la mujer sería ocasión de pecado para el hombre *
  • No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él.(Extracto de la Biblia)
  • podían prestarle (al varón) mejor ayuda los otros hombres
  • Dios, Autor de la misma, quien al producirla no sólo produjo al hombre, sino también a la mujer.
  • Si Dios hubiera quitado del mundo todas las cosas que sirvieran al hombre de ocasión de pecado (una de esas cosas sería la mujer, por la referencia a la objeción 3 del artículo 1)
  • parece que la mujer no debió ser hecha del hombre *
  • Pero el hombre y la mujer son de la misma especie
  • La mujer fue hecha como ayuda del hombre para la generación
  • Fue conveniente que en la primera institución de las cosas, la mujer, a diferencia de los demás animales, fuera formada del hombre.
  • para que el hombre amase más a la mujer
  • dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer
  • el hombre y la mujer se unen no sólo por la necesidad de la generación
  • a partir de la costilla del hombre
  • el cuerpo de la mujer no es menos denso que el del hombre
Juzgue el lector si Tomás de Aquino se refiere con el término “hombre” al varón y a la mujer sin diferenciación o si se refiere sólo al varón. Y juzgue si entender solamente “varón” en las dos citas que generaron esta controversia, es leer mal, como sugiere el replicante. Para dejar explícita la lógica a que apelo (ya uno duda de la disposición que algunas personas pueden tener para abordar este asunto), tomemos la última cita del grupo y veamos una analogía útil: si digo que los arequipeños son más honestos que los peruanos estaría diciendo una sandez porque los arequipeños son peruanos: no se los puede separar del género "peruanos"; y, por la misma razón, no se podría decir que el cuerpo de la mujer es menos denso que el del hombre, entendiendo este último término como "varón y mujer"; por lo que "hombre" significa aquí, necesariamente, "varón".

Desde luego, hay algunos momentos, comparativamente muy pocos, en que es obvia la referencia a ambos sexos con el término “hombre”. Uno de los más claros es el sigiente (que tampoco es una directa aseveración de Tomás de Aquino): El sexo es común al hombre y a los demás animales. Pero, en éstos, las hembras no fueron hechas de los machos. Por lo tanto, tampoco en el hombre debió suceder esto. Hay, pues, mucho espacio para la ambigüedad interpretativa.
En suma, si leí mal, entonces, creo, la razón sería que Tomás de Aquino escribió mal; o al menos que el traductor debió pasar por la Santa Inquisición.

Pero en el fondo las ambigüedades quedarían resueltas si consideramos que para Tomás de Aquino la mujer es un ser “imperfecto y ocasional”[1] –adjetivos no atribuidos al varón– y que para Tomás de Aquino la mujer es un ser que sólo puede ayudar reproductivamente al varón porque “para otras obras podrían prestarle mejor ayuda los otros hombres”[2] (ojo que por contexto se nota aquí el uso de “hombres” exclusivo para el género masculino). Tomás de Aquino deja, pues, pintada a la mujer como un simple accesorio de lo humano, de lo humano que es esencialmente masculino; razón por la cual no repara en referirse con el término “hombre” ya sea al ser humano en general o sólo al varón, porque esencialmente serían lo mismo. Sí, porque lo que es ocasional no podría afectar la esencia (pues por ocasional se entiende lo no predeterminado, lo no fundamental, aparecido en el mejor de los casos como  remedio de contingencia para una situación de gravedad).

El replicante también se refiere a la dominación natural de la que habla Tomás de Aquino, y pretende que esto pase como bueno por el hecho de que en esa época la sociedad era estructuralmente machista. Bueno, también había disidencia al cristianismo (cosa que prueban las objeciones tratadas y la misma razón de ser del libro) y Tomás de Aquino, acaso iluminado por Dios según los dogmas del replicante, se ocupa de ejercer su magisterio para transformar la sociedad. ¿Por qué no transformarla en este aspecto tan sustantivo que es la desigualdad de género?

Dice Tomás de Aquino, en la cuestión 93, lo siguiente: “Pues la mujer no debe dominar al varón (1 Tim 2,12); por lo cual no fue formada de la cabeza. Tampoco debe el varón despreciarla como si le estuviera sometida servilmente; por eso no fue formada de los pies.” De acuerdo, no como si le estuviera sometida servilmente... pero por qué no decir simplemente que no debe despreciarla. Recordemos, pues, el sometimiento “civil o económico” que es un sometimiento natural de la mujer, según las propias palabras de Tomás de Aquino en la respuesta a la segunda objeción. Lo que tenemos claro es que la mujer (“imperfecta y ocasional”) es y debe ser sometida al varón por propia naturaleza (naturaleza concebida por Dios). No dice Tomás de Aquino que debe ser sometida por tradición ni por causas históricas sino ¡por naturaleza: por voluntad divina!... ¡Dios mío!

Sí, desde la Grecia Antigua el machismo y la misoginia se hicieron lacra histórica. Y el Catolicismo apareció en un contexto social deplorable. Pero ese hecho no le quita la responsabilidad de haber sido factor de retroceso en ese aspecto, responsabilidad compartida pero que no deja de ser responsabilidad; más aún habiendo afianzado la lacra con su totalitarismo dogmático. Que yo recuerde, la liberación femenina que devino en épocas recientes y sigue en la lucha no ha tenido a la Iglesia oficial como su precursora. Y no es especular decir que sin él o sin una institución similar que hubiera estado en su lugar, la humanidad habría llegado antes a estadios menos deplorables.

Para terminar, me resulta muy interesante ver cómo muchos fundamentalistas católicos actuales, y no sólo católicos, ante el los progresos éticos y científicos que se van logrando en la sociedad, reinterpretan al antojo las doctrinas de sus fundadores, por acomodarse a lo nuevo que se va haciendo políticamente correcto; con lo paradójico que resulta, pues siguen siendo fundamentalistas, sólo que ahora son una especie de fundamentalistas de fetiche. Yo me imagino, con buen humor, a un Tomás de Aquino libre de restricciones políticas, con sus convicciones plenas, defendiendo en esta controversia la inferioridad femenina determinada por la divinidad, en contra de las ideas sediciosas igualitaristas de la modernidad, y solicitando a nuestro buen replicante: “no me defiendas, compadre”.




















[1] Respuesta de Tomás de Aquino a la primera objeción de la cuestión 92.
[2] Encabezado de la respuesta de Tomás de Aquino a la cuestión 92.

miércoles, febrero 20, 2013

Sobre el estatus de la mujer en la "Suma Teológica"

(Para ver mi respuesta a la crítica del blog de José Bellido, clic aquí.)


Me pidieron participar en una controversia sobre la cuestión 92 de la "Suma Teológica" de Tomás de Aquino (la que aparece  entre las páginas 822 y 824 de este enlace o, si quieren, aquí directamente). Y mi análisis es el siguiente:
 
1. Tomás de Aquino trata de justificar la creación de la mujer, creación que era amonestada como un error divino ya que la mujer era entonces considerada un ser indigno y fuente de pecado.

2. Tomás de Aquino NO pretende rescatar la condición de la mujer ni dignificarla. Es más, acepta como un hecho evidente e incuestionable esa preconcebida bajeza que se le atribuía (y que aún se le atribuye, menos que antes felizmente). Él simplemente se limita a argumentar la necesidad de haber sido creado ese “ser indigno”, diciendo que “fue necesaria la creación de la mujer para ayudar al hombre en la generación” (entiéndase: en la procreación). Asume Tomás de Aquino que es eso LO ÚNICO en que la mujer puede ayudar al hombre, cuando dice que “fue necesaria la creación de la mujer para ayudar al varón no en alguna obra cualquiera […] ya que para otras obras podían prestarle mejor ayuda los otros hombres, sino para ayudarle en la generación”.

3. Tomás de Aquino justifica la separación de sexos en nuestra especie argumentando que “por su parte, el hombre se ordena a una operación vital más digna aun: entender”. O sea que como la mujer no tiene entendimiento según Tomás de Aquino y el sentir general de la época, debió ser creada aparte sólo como ayuda reproductiva.

4. Para redondear su exculpación al Gran Hacedor por la creación de ese “ser indigno”, corrobora Tomás de Aquino, en su respuesta a la segunda objeción, un “sometimiento natural” de la mujer por tener el hombre “más discernimiento”. Como diciendo “sí, pues, la creó; pero ojo que la creó sometida” a fin de pasar piola (como en el Perú nos referimos al acto de sortear el reproche merecido por una acción vitanda).

Me he basado en lo que dice Tomás de Aquino, no en las citas previas que pone para enmarcar el contexto de su argumentación.

miércoles, enero 23, 2013

Sólo el amor...

Sólo el amor
engendra la maravilla
(S.R.)

De pronto ves los pechos de una modelo, finos y hermosos –te parecen deliciosos, no lo niegas– y evocas los pechos de tu amada: llamativos, mágicos, frutales. Por tal evocación amas un poco los pechos de la modelo; y entiendes que alguien imparcial sólo vería dos bellezas repetidas…

Los pechos de la modelo no dejan de recrearte, pero tal vez no los deseas, no los necesitas. El amor te da una calma nueva, y no te urge acaparar la belleza del mundo. Sigues contemplando a la modelo, con sabia tranquilidad; deseando besar los pechos de tu amada, y el aire de la habitación te llena, te agranda.

sábado, enero 19, 2013

Reticencias con la nada


¿Dónde está la nada...?[1] Concebida la nada como la no-sustancia, el no-espacio, el no-tiempo, se podría responder a esta pregunta diciendo que está en todo sitio o, bien, que está donde tú quieras... desde el hecho de que, si cortamos imaginariamente cualquier espacio (sabiendo que no existe un “adentro del corte”), bien podríamos decir que la hemos encontrado. ¿Pero de verdad existe la nada?, ¿tiene realidad material como el espacio o la energía?

"Conjunto vacío", la manera matemática de representar el concepto abstracto de la no existencia.

¿O acaso basta que hayamos concebido esa idea para que su significado tenga un correlato real?... (Con "correlato real" nos referiremos a algo que existe objetivamente en el mundo, de modo independiente de su signo lingüístico respectivo, pero siendo representado idealmente por él.)[2] Bajo ese análisis la nada sería distinta de todo lo demás que se puede representar con un signo lingüístico. Todos tenemos una idea de “unicornio”; y al pensar en un animal fabuloso con determinadas características, no le estamos dando existencia a los unicornios, así como no les damos existencia al Yeti, a los marcianos, a la resurrección, o a Yahvé sólo con haberlos concebido idealmente, pues esos significados no tienen un correlato existente en el mundo real sino en la fantasía. Ni siquiera a los seres en el mundo real les damos existencia mediante el proceso de asignarles un significante y un significado: éstos ya la tienen a priori, como el amor, los árboles, la religión...  Pero con el concepto de la nada sucede algo distinto: para que exista, su significado no requiere un correlato real, tangible o evidente. Podemos arbitrariamente darle un correlato real sólo con el significado, así como supusimos con el “interior” de un corte cualquiera en el espacio. Justamente la inexistencia de ese “interior” da un correlato real a ese significado en especial. Pero nuestro ejemplo era específico; podemos suponer nadas temporales dentro de cada instante o entre un segundo y el siguiente o entre un picosegundo y el siguiente, o de modo análogo nadas espaciales, y así suponer todo el espacio, toda la existencia, plagadas de nadas. Pero sigue siendo arbitraria, o forzada, nuestra manera de aplicar esa idea a la realidad. En suma, puede ser tan real como imaginaria, sin haber manera de evaluar su carácter de real o de imaginaria.
Sin embargo parece natural el proceso de aparición de ese concepto en nuestro pensamiento. Seguramente surgió de la constatación de ausencias parciales en entornos existentes, así como en un vaso que no tiene nada de limonada (pero sí hay vaso, sí hay un espacio interior en el vaso), y a partir de la generalización de esas ausencias parciales se concibió la nada absoluta.

En el vídeo, “Así hablaba Sali Baba”, de Les Luthiers. Atentos al monólogo final sobre el todo y la nada.

¿Pero a dónde vamos con todo esto? Con la física contemporánea y el reciente descubrimiento del Campo de Higgs, una interacción cuántica que da masa a las partículas, se asentó la constatación de que todo es campo y de que la masa misma es un efecto de relaciones cuánticas de campos. Incluso las partículas que nos forman son entendidas como concentraciones de campo. (Para entender qué es campo basta pensar en cómo caen las cosas y estamos pegados al piso: esa interacción es expresión de un campo: el Campo Gravitatorio. Como ése, hay otros campos que son a fin de cuentas lo que da corporeidad a la existencia.)


Como el campo es difícil de imaginar de manera corpórea, se lo mira con aspecto fantasmal. Y, ya que la masa misma es una derivación de él, se tiende a decir que el campo, de existencia previa a la masa, es la nada, y que todo está formado por esa nada.

Aquí caemos en lo propenso que es el concepto de la nada a llevarnos al sinsentido y la contradicción. En nuestras cabezas un concepto de la nada es: "lo que no existe". Entonces la pregunta sobre si existe la nada viene a ser una pregunta compleja (un tipo de falacia), porque lo que no existe efectivamente no existe, y eso es la nada, que adquiriría existencia desde tal razonamiento, porque cumple el requisito de su definición: no existir; o sea que existe por cumplir la condición de no existir. Pero si justamente es lo que no existe, entonces simplemente la nada no existe. En fin, asumir que existe la nada contradice que no existe (su propia definición) porque si no es cierto que no existe ya no sería la nada. Y asumir que no existe es una negación de negación que deviene afirmación: si no existe lo que no existe, entonces hablamos de pura existencia, ¿pero no era que la nada era lo que no existía?


Razonar así sobre la nada nos lleva más a la sofistería y al galimatías que a la lógica y la comprensión de la realidad.


El campo es toda la realidad, sí; y no puede decirse que es la nada. En fin, tomarlo como “nada” en vez de “todo”, ya sería cuestión de semántica. La realidad última es que al campo lo experimentas, lo concibes y te constituye; y es tal concepto lo más cercano a la nada (lo acepto) a lo que bellamente ha llegado la abstracción humana para describir con certitud la existencia.



[1] Nos referimos a la nada absoluta, no a la ausencia de algo en algo.
[2] El signo lingüístico es, según Saussure, la combinación de un concepto, el significado, y de una imagen acústica, el significante.


viernes, noviembre 02, 2012

Breve disquisición contra la innulidad del cero y la existencia numérica del infinito

A Juan y Héctor, por el placer de haber pensado en estas banalidades por ellos y con ellos.

En cierto pasaje de su obra Zero: The Biography of a Dangerous Idea, Charles Seife parece estar seguro de tener una demostración de la no necesaria nulidad del cero, número siempre polémico que hasta pudo haber sido mejor comprendido por filósofos que por matemáticos (1).

Seife nos propone, pues, una “demostración” interesantísima de que cero puede ser cuantitativamente algo en lugar de ser nada, a partir del hecho de que al sumar cero “infinitas” veces se genera un resultado sorprendentemente distinto de cero como equivalente a la nada cuantitativa, un hecho absurdo en la realidad pero al parecer consistente en las matemáticas. (Entrecomillamos aquí "infinitas" por la acaso errada asunción de que se puede tomar infinito como un número existente.)

El aludido libro de Charles Seife. Muy recomendable.
                                         
Vamos a los argumentos que Seife presenta, que comienzan con un hecho obvio:
0+0+0+... =(n-n)+(n-n)+(n-n)+...      para todo n real,

que puede ser transformado en la ecuación:
0+0+0+... =n-n+n-n+n-n+...                      (Eq.A)

Continuemos transformando la proposición, con reacomodos algebraicos:
0+0+0+... =n+(-n+n)+(-n+n)+(-n+n)+...    (Eq.B)
0+0+0+... =n+(0)+(0)+(0)+...
0+0+0+... =n

donde, recordemos, n es cualquier número real; incluido todo real significativo, o sea no nulo, o sea distinto de cero. Tomemos ese caso: que n sea un real no nulo.

Eso implicaría que cero es algo; porque sumado infinitas veces resulta n, que no es número nulo. Pero hay un error en la demostración; y ese error es que se ha asumido como premisa lo mismo que se quería demostrar, al obtener Eq.B de Eq.A .

La asunción es ésta:
∞n - n = ∞n                                                (Eq.C)

Pues para obtener Eq.B de Eq.A, se ha hecho lo siguiente:
0 + 0 + 0 +... = n - n + n - n + n - n + ...
0 + 0 + 0 +... = ∞n + ∞(-n)
0 + 0 + 0 +... = ( 0 + ∞n ) + ∞(-n)
0 + 0 + 0 +... = ( (n-n) + ∞n ) + ∞(-n)
0 + 0 + 0 +... = ( n - n + ∞n ) + ∞(-n)
0 + 0 + 0 +... = (n + (-n + ∞n) ) + ∞(-n)
0 + 0 + 0 +... = (n + ( ∞n - n ) ) + ∞(-n)    (Eq.D)
0 + 0 + 0 +... = (n + ∞n ) + ∞(-n)              (Eq.E)
0 + 0 + 0 +... = n + ∞n + ∞(-n)
0 + 0 + 0 +... = n + ∞(-n) + ∞n
0 + 0 + 0 +... = n +( ∞(-n) + ∞n )
0 + 0 + 0 +... = n +( ∞ (- n + n) )
0 + 0 + 0 +... = n + (-n+n) + (-n+n) + (-n+n) + ...

donde para obtener Eq.E de Eq.D se asume Eq.C .

Ahora basta demostrar que Eq.C y la preposición "cero es algo" se implican recíprocamente. Con eso concluimos que esa demostración es una falacia de petición de principio.

Retomemos Eq.C y transformemos la expresión (la implicancia recíproca se obtiene siguiendo las transformaciones de abajo hacia arriba):
∞n - n = ∞n
∞n - ∞n = n
∞ (n - n) = n
∞ 0 = n
0+0+0+... = n                                           (Eq.F)

Como n puede ser cuaqluier real no nulo, entonces para ese caso, por Eq.F, necesariamente cero es algo; lo que se quería demostrar.

(Se podría argumentar que el error aquí es que no es cierto necesariamente que ∞n-∞n=∞(n - n) porque no necesariamente ∞=∞. Sin embargo, para decir que eso no es cierto debería aceptarse que ∞≠∞, pero ello es como decir ∞-∞ ≠ 0, o sea que siendo ∞≠∞, debería aceptarse que cero no sería nulo, lo cual es de nuevo lo mismo que se quería probar con la demostración que estamos evaluando.)

Nos ahorraríamos todo ese razonamiento analítico notando simplemente que no se cumple

0+0+0+0+... = n -n+n -n+n -n+n -n+... = n+(-n+n)+(-n+n)+(-n+n)+(-n+n)+...

o, lo que es lo mismo,

0+0+0+...+0 = n -n+n -n+n -n+...+n -n = n+(-n+n)+(-n+n)+(-n+n)+...+(-n+n)

sino

0+0+0+0+... = n -n+n -n+n -n+n -n+... = n+(-n+n)+(-n+n)+(-n+n)+(-n+n)+... -n

o, lo que es lo mismo,

0+0+0+...+0 = n -n+n -n+n -n+...+n -n = n+(-n+n)+(-n+n)+(-n+n)+...+(-n+n) -n

porque debemos devolver el último n que nos habíamos prestado.

En resumen, no hay premisas independientes, al menos no en las asunciones de Seife, que nos lleven a demostrar la innulidad del cero.

Asumir que cero es algo es a la vez asumir que infinito existe numéricamente y no sólo como una aproximación numérica a la imposibilidad de terminar en la cuenta ascendente; ya que para llegar a convertir esa suma de ceros en algo es preciso asumir numéricamente una cantidad real que corresponda al infinito. Personalmente, y con fundamento, prefiero hablar de “incontabilidad” (o acaso “inconmensurabilidad”) en lugar de “infinitud”, y decir “incontables” (o acaso “inconmensurable”) en lugar de “infinitos”.

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(1) Hablando del cero en su "Dialéctica de la naturaleza", Friedrich Engels mencionaba los dolores de cabeza que producía en los mejores matemáticos la acertada sentencia hegeliana que decía: “La nada de un algo es una determinada nada.”

lunes, octubre 08, 2012

Cooltura en el Zorba's* : De cuando le robé los aplausos a Américo Martínez



Éramos un grupo de tres que amamos el arte, la música, y la nueva canción en especial.** Y fuimos al café Zorba’s de Arequipa para escuchar y ver la “Trova dibujada” de los artistas Américo Martínez y Omar Zeballos.

El afiche del evento. Deberían repetirlo en algún buen lugar.

Habría tomado como descuido menor las luces colorinches del escenario reflejadas en la pantalla donde se reproducían los dibujos de Omar, si no fuera porque otros hechos coronaron la noche como ejemplo palmario del modo peculiar en que la gente de hoy se vincula con la cultura, o en que acaso se desvincula de ella. Pues que el evento no se llevara a cabo en la sala de un instituto cultural sino en la de un café nocturno, no lo hacía menos cultural. Al menos, así lo creía yo.

Hacia la primera media hora del concierto, ya casi no se podía seguir la interpretación de Américo con el parloteo casi gritado del auditorio en afán de superar en decibelios a esos bulliciosos músicos que no los dejaban entenderse. Aunque al inicio habíamos puesto nuestra cuota de bullicio (sí, el ambiente arrastra), ya recompuestos, pedimos a mesas vecinas que nos dejaran hacer aquello para lo que habíamos ido: escuchar música. Mofándose nos oyeron y se callaron; pero debían de ser tan interesantes sus temas de discusión que en poco tiempo volvieron a los gritos y hasta les comencé a prestar más atención que a la música tratando de corroborar mi segura suposición. Ello sobre la resignación de tener que buscar diferentes ángulos para sortear los reflejos chirriantes en la pantalla, recomponer los retazos capturados del dibujo y así hacerse una idea de él en su conjunto. Y, mientras que vista y oído ya estaban perdidos, el olfato comenzaba a dar alarmas cuando la nube de tabaco empezó a hacerse densa y una de nosotros ya tenía irritada la visión; y entonces decidimos pedir al dueño que impidiera fumar en la sala y éste, luego de una evasiva y ante mi insistencia, prometió hacer algo de mala gana.

En el intermedio Américo, no muy jovial, pidió compostura y aseguró que la suya no estuvo pensada para ser música de fondo. Vi de soslayo a la mesa más bulliciosa y tenían en las miradas algo parecido a la reticencia de esos bravucones del colegio que resondrados por el profe se quedaban tranquilos pero te la tenían jurada hasta la salida. También pidió Américo, seguro a solicitud del dueño, que se dejara de fumar; y todo empezaba a ir mejor. Pero ya en la segunda parte humo y bulla volvieron. Y como seguía siendo difícil constatar lo enjundioso del barullo y el aire se volvía asfixiante, pedimos silencio y salubridad a cada quien personalmente hasta que les llegamos (no precisamente al corazón) y si bien nunca alcanzamos el estatus digno de ser “el otro”,  esta vez alcanzamos la dignidad de ilotas.

 
Sui Géneris - "Música de fondo para cualquier fiesta animada" (la canción que Américo olvidó cantar al público culto que fue a escucharlo en el Zorba's)

Que en su espíritu juerguero muchos hayan dejado de percibir lo irritante de tener que respirar un humo denso que durante horas aturde y asquea, y dejado de percibir la música como algo más que un relleno de indeseados silencios; no es razón para que otros pierdan el derecho de disfrutar de un evento musical público sin asfixiarse. Noticia: el otro existe. Así como los problemas de género no deben ser pleito entre hembras y machos, esto no es un pleito entre fumadores y no fumadores (incluso mis acompañantes salieron a fumar a la calle). Es cuestión de cómo hacemos para que la vida siga siendo una opción aceptable para cada quién. El pleito es entre quienes le apuestan y a quienes les llega. Entre el atento y el distraído, entre la acción y el letargo. Entre uno y uno mismo: esta poca atención al otro es hermana de la poca atención a uno mismo cuando, por ejemplo siendo fumador, uno pasivamente acepta el terrorismo gráfico de autoridades insensatas que quieren persuadirlo con fotos grotescas de cánceres y males terminales que les ponen en las cajetillas.

Ya habiéndonos medido, teníamos que ser repelidos a como diera lugar. Excusas infantiles (somos un país infantil, ya no adolescente como decía Sánchez)… excusas infantiles, decía, como “tú eres el único al que le jode” y “pero si todos lo hacen” son de esperarse en un país donde presidentes y alcaldes excusan sus robos con el popular argumento de que quién no lo ha hecho, lo importante es que haga obra. Cuando terminó el programa oficial del concierto y se fueron los músicos del escenario, pedí en voz alta que volvieran, cosa que después harían; pero una fina señora de ya sabemos qué mesa se desgañitó: “¡Deja escuchar, deja escuchar!”, en una clara aplicación de la lógica criolla, muy común, del “yo también te cago”. ¿Será difícil entender que en un concierto me callo cuando el músico está interpretando por la simple razón de dejar escuchar la música y no cuando no hay nada que escuchar?

Uno de ellos, criollazo también, viéndose reducido en los argumentos y con encubierta sonrisa triunfal, cobró su revancha prometiendo apagar el cigarro después de que aquel otro tipo apagara el suyo. Listísimo, lógico de aquéllos: redujo mi exigencia al absurdo del bucle infinito en que me pondría el otro al asestarme la misma respuesta. “Cuando los otros dejen de robar”, escuché alguna vez decir a un regidorcillo distrital de lo más execrable... Y el paroxismo llegó cuando uno me espetó que hasta John Lennon salía fumando en el póster de la pared de al lado.

Sé que la ligereza de criterios nos es innata (no ignoro la etología), pero el aprendizaje (por imitación y repetición) lo es también, felizmente. Los logros sociales que hasta ahora hemos tenido se deben al empuje de minorías que han tomado la batuta en ciertos momentos clave y que han bregado por hacer entender sus razones hasta la común aceptación, para que el nuevo uso luego  se impusiera y fuera seguido sin mayor cuestionamiento. La cosa es simple: así como hemos aprendido a levantarnos e ir a una habitación aparte a liberar el contenido de nuestras vejigas en vez de dejar un charco apestoso en el lugar público de reunión, por consideración a los demás originalmente y por educación cuando tal costumbre pasó a ser lo políticamente correcto; podemos aprender a salir si queremos liberar cualquier otra sustancia que pueda perturbar y enfermar al otro. Sí, el otro, el otro, el otro: clave de la convivencia, aunque nos joda a todos.

Cuando reclamé al dueño por segunda vez, me dijo que ya no podía hacer nada, que qué quería, ¿que los botara?, que la ley de no fumar ya no se aplicaba porque la habían apelado las tabacaleras… Sí, pues: fuera cierto o no, la consideración con el otro no es voluntaria; tiene que venir empaquetada en su respectiva ley. Pues el mensaje implícito era sencillo: nos botaba a nosotros. Así que pagué nuestras bebidas y rehusé pagar la entrada al evento (que se pagaba al salir), y ya recogíamos nuestras cosas para retirarnos cuando en eso comenzaron los aplausos eufóricos que nos prodigaban aquellos a quienes ¡nosotros! habíamos perturbado con nuestros reclamos… ¿País adolescente? No, Luis Alberto…

Pero, como ya dije, eso era de esperarse, incluso que el dueño nos siguiera en nuestra retirada ¿para asegurarse de que no nos quedáramos luego de no haber pagado la entrada?, quizás; ¿para regodearse en el pretendido escarnio?, probable. Lo que sí podría decir es que sólo le faltó hacerles barra.

No hago votos para no volver a ese lugar. Mientras ofrezca al público la música que disfruto, con artistas que son amigos míos, seguiré yendo; y tendré que volver a reclamar; ¿en otras instancias?, quizás… Y quién sabe en alguna de ésas pasen por el local y me vean afuera en el intermedio de un show de Américo, gozando del frío quieto y, seguro de no perturbar a nadie dentro de en la sala, como cantara Fito: fumando el humo mientras todo pasa.


*   cool (pronunciado "kul"), término del idioma inglés, significa: frío, indiferente.

** Nueva canción: movimiento musical peculiarmente poético y de compromiso político y social aparecido en América Latina y España  durante la década de los sesentas.