lunes, octubre 08, 2012

Cooltura en el Zorba's* : De cuando le robé los aplausos a Américo Martínez



Éramos un grupo de tres que amamos el arte, la música, y la nueva canción en especial.** Y fuimos al café Zorba’s de Arequipa para escuchar y ver la “Trova dibujada” de los artistas Américo Martínez y Omar Zeballos.

El afiche del evento. Deberían repetirlo en algún buen lugar.

Habría tomado como descuido menor las luces colorinches del escenario reflejadas en la pantalla donde se reproducían los dibujos de Omar, si no fuera porque otros hechos coronaron la noche como ejemplo palmario del modo peculiar en que la gente de hoy se vincula con la cultura, o en que acaso se desvincula de ella. Pues que el evento no se llevara a cabo en la sala de un instituto cultural sino en la de un café nocturno, no lo hacía menos cultural. Al menos, así lo creía yo.

Hacia la primera media hora del concierto, ya casi no se podía seguir la interpretación de Américo con el parloteo casi gritado del auditorio en afán de superar en decibelios a esos bulliciosos músicos que no los dejaban entenderse. Aunque al inicio habíamos puesto nuestra cuota de bullicio (sí, el ambiente arrastra), ya recompuestos, pedimos a mesas vecinas que nos dejaran hacer aquello para lo que habíamos ido: escuchar música. Mofándose nos oyeron y se callaron; pero debían de ser tan interesantes sus temas de discusión que en poco tiempo volvieron a los gritos y hasta les comencé a prestar más atención que a la música tratando de corroborar mi segura suposición. Ello sobre la resignación de tener que buscar diferentes ángulos para sortear los reflejos chirriantes en la pantalla, recomponer los retazos capturados del dibujo y así hacerse una idea de él en su conjunto. Y, mientras que vista y oído ya estaban perdidos, el olfato comenzaba a dar alarmas cuando la nube de tabaco empezó a hacerse densa y una de nosotros ya tenía irritada la visión; y entonces decidimos pedir al dueño que impidiera fumar en la sala y éste, luego de una evasiva y ante mi insistencia, prometió hacer algo de mala gana.

En el intermedio Américo, no muy jovial, pidió compostura y aseguró que la suya no estuvo pensada para ser música de fondo. Vi de soslayo a la mesa más bulliciosa y tenían en las miradas algo parecido a la reticencia de esos bravucones del colegio que resondrados por el profe se quedaban tranquilos pero te la tenían jurada hasta la salida. También pidió Américo, seguro a solicitud del dueño, que se dejara de fumar; y todo empezaba a ir mejor. Pero ya en la segunda parte humo y bulla volvieron. Y como seguía siendo difícil constatar lo enjundioso del barullo y el aire se volvía asfixiante, pedimos silencio y salubridad a cada quien personalmente hasta que les llegamos (no precisamente al corazón) y si bien nunca alcanzamos el estatus digno de ser “el otro”,  esta vez alcanzamos la dignidad de ilotas.

 
Sui Géneris - "Música de fondo para cualquier fiesta animada" (la canción que Américo olvidó cantar al público culto que fue a escucharlo en el Zorba's)

Que en su espíritu juerguero muchos hayan dejado de percibir lo irritante de tener que respirar un humo denso que durante horas aturde y asquea, y dejado de percibir la música como algo más que un relleno de indeseados silencios; no es razón para que otros pierdan el derecho de disfrutar de un evento musical público sin asfixiarse. Noticia: el otro existe. Así como los problemas de género no deben ser pleito entre hembras y machos, esto no es un pleito entre fumadores y no fumadores (incluso mis acompañantes salieron a fumar a la calle). Es cuestión de cómo hacemos para que la vida siga siendo una opción aceptable para cada quién. El pleito es entre quienes le apuestan y a quienes les llega. Entre el atento y el distraído, entre la acción y el letargo. Entre uno y uno mismo: esta poca atención al otro es hermana de la poca atención a uno mismo cuando, por ejemplo siendo fumador, uno pasivamente acepta el terrorismo gráfico de autoridades insensatas que quieren persuadirlo con fotos grotescas de cánceres y males terminales que les ponen en las cajetillas.

Ya habiéndonos medido, teníamos que ser repelidos a como diera lugar. Excusas infantiles (somos un país infantil, ya no adolescente como decía Sánchez)… excusas infantiles, decía, como “tú eres el único al que le jode” y “pero si todos lo hacen” son de esperarse en un país donde presidentes y alcaldes excusan sus robos con el popular argumento de que quién no lo ha hecho, lo importante es que haga obra. Cuando terminó el programa oficial del concierto y se fueron los músicos del escenario, pedí en voz alta que volvieran, cosa que después harían; pero una fina señora de ya sabemos qué mesa se desgañitó: “¡Deja escuchar, deja escuchar!”, en una clara aplicación de la lógica criolla, muy común, del “yo también te cago”. ¿Será difícil entender que en un concierto me callo cuando el músico está interpretando por la simple razón de dejar escuchar la música y no cuando no hay nada que escuchar?

Uno de ellos, criollazo también, viéndose reducido en los argumentos y con encubierta sonrisa triunfal, cobró su revancha prometiendo apagar el cigarro después de que aquel otro tipo apagara el suyo. Listísimo, lógico de aquéllos: redujo mi exigencia al absurdo del bucle infinito en que me pondría el otro al asestarme la misma respuesta. “Cuando los otros dejen de robar”, escuché alguna vez decir a un regidorcillo distrital de lo más execrable... Y el paroxismo llegó cuando uno me espetó que hasta John Lennon salía fumando en el póster de la pared de al lado.

Sé que la ligereza de criterios nos es innata (no ignoro la etología), pero el aprendizaje (por imitación y repetición) lo es también, felizmente. Los logros sociales que hasta ahora hemos tenido se deben al empuje de minorías que han tomado la batuta en ciertos momentos clave y que han bregado por hacer entender sus razones hasta la común aceptación, para que el nuevo uso luego  se impusiera y fuera seguido sin mayor cuestionamiento. La cosa es simple: así como hemos aprendido a levantarnos e ir a una habitación aparte a liberar el contenido de nuestras vejigas en vez de dejar un charco apestoso en el lugar público de reunión, por consideración a los demás originalmente y por educación cuando tal costumbre pasó a ser lo políticamente correcto; podemos aprender a salir si queremos liberar cualquier otra sustancia que pueda perturbar y enfermar al otro. Sí, el otro, el otro, el otro: clave de la convivencia, aunque nos joda a todos.

Cuando reclamé al dueño por segunda vez, me dijo que ya no podía hacer nada, que qué quería, ¿que los botara?, que la ley de no fumar ya no se aplicaba porque la habían apelado las tabacaleras… Sí, pues: fuera cierto o no, la consideración con el otro no es voluntaria; tiene que venir empaquetada en su respectiva ley. Pues el mensaje implícito era sencillo: nos botaba a nosotros. Así que pagué nuestras bebidas y rehusé pagar la entrada al evento (que se pagaba al salir), y ya recogíamos nuestras cosas para retirarnos cuando en eso comenzaron los aplausos eufóricos que nos prodigaban aquellos a quienes ¡nosotros! habíamos perturbado con nuestros reclamos… ¿País adolescente? No, Luis Alberto…

Pero, como ya dije, eso era de esperarse, incluso que el dueño nos siguiera en nuestra retirada ¿para asegurarse de que no nos quedáramos luego de no haber pagado la entrada?, quizás; ¿para regodearse en el pretendido escarnio?, probable. Lo que sí podría decir es que sólo le faltó hacerles barra.

No hago votos para no volver a ese lugar. Mientras ofrezca al público la música que disfruto, con artistas que son amigos míos, seguiré yendo; y tendré que volver a reclamar; ¿en otras instancias?, quizás… Y quién sabe en alguna de ésas pasen por el local y me vean afuera en el intermedio de un show de Américo, gozando del frío quieto y, seguro de no perturbar a nadie dentro de en la sala, como cantara Fito: fumando el humo mientras todo pasa.


*   cool (pronunciado "kul"), término del idioma inglés, significa: frío, indiferente.

** Nueva canción: movimiento musical peculiarmente poético y de compromiso político y social aparecido en América Latina y España  durante la década de los sesentas.

sábado, agosto 25, 2012

Mario Vargas Llosa y los animales


De ver cómo mataban a esos indefensos saliste compungido de la perrera municipal, Mario, cuando secuestraron al Batuque...

Ahora haces ditirambos a la tauromaquia y buscas la sinrazón para denigrar la compasión por otro ser vivo.

¡¿En qué momento te jodiste, Mario?!



martes, julio 31, 2012

El principal enemigo del amor

Desromantizando el mundo...

El romanticismo es el principal enemigo del amor. Lo supone basado en una imperiosa necesidad mutua. Si necesito a alguien porque no me siento completo sin esa persona, estoy arrastrando vacío espiritual; si además espero que esa persona necesite de mí, estoy esperando que arrastre también vacío espiritual y pretendiendo con ese vacío llenar el mío.

Dos incompletitudes espirituales no se complementan; se refuerzan en un peligroso forado compartido; dos menesterosos sólo pueden contraer (como se contraen las enfermedades) un amor menesteroso, y eso no es amor en el sentido optimista y productivo de la palabra.

John Lennon, uno de los grandes precursores del amor, decía en un nutritivo discurso que sólo cuando estemos enamorados de nosotros mismos seremos capaces de enamorarnos de alguien. Estar enamorado de uno mismo es, en este caso, no ser menesteroso de alguien más.

 
Himno del amor. Necesitamos amor, no imperiosamente alguien en especial que nos lo profese; aun siendo hermoso tener personas especiales en nuestra vida, pero no porque las necesitemos.

Les dejo la traducción del discurso de John Lennon:
«Nos hicieron creer que el "gran amor" sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta: sólo crecemos en la vida por nosotros mismos. Si estamos en buena compañía, es tan sólo más agradable.

Nos hicieron creer en una fórmula llamada "dos en uno": dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable.

Nos hicieron creer que el matrimonio es obligatorio, y que los deseos fuera de término deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados.

Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas.

Tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto. Cada uno lo va a tener que descubrir solo.

Cuando llegues a estar primero enamorado de ti mismo, entonces te podrás enamorar de alguien.»

lunes, junio 11, 2012

En verdad, en verdad hablando, el poeta (también) es un trabajo difícil...


En verdad, en verdad hablando, 
la poesía es un trabajo difícil 
que se pierde o se gana 
al compás de los años otoñales. 
Javier Heraud

Hace unos días propicié una polémica, a propósito de un festival de poesía realizado en Arequipa, sugiriendo cierta vinculación entre los atuendos remilgados de varios participantes y sus no muy felices versos. Después de larga discusión (véanla aquí), el organizador del festival, Martín Zúñiga, cuyas intervenciones me ayudaron a pensar mejor el asunto, dejó una cuestión que ahora trato de responder. Me dijo Zúñiga que quiero ver papas donde hay camotes pretendiendo forzar un vínculo entre atuendos y calidades poéticas. Tratemos ahora de ver toda la pachamanca.

Dentro de un grupo de personas que tienen un interés común es normal que haya unos pocos que tengan a la vez otro interés u otra manera de ser, por simple coincidencia; es normal que entre los que pintan haya uno que juegue ajedrez, y quizá uno interesado en los vestidos de moda. Ahora, si en los círculos de los que tienen interés por hacer poesía abundan, mucho más que en cualesquier otros grupos, los individuos de vestidos y maneras remilgados, es porque ya no se trata de una mera coincidencia sino que hay una vinculación determinante entre una cosa y la otra. O sea, cuando vemos a un remilgado entre los que escriben y publican, no podemos estar seguros de que las poses tengan que ver con sus escritos porque puede ser una coincidencia; pero cuando vemos a la mitad de ellos disfrazados de “únicos” en un festival de poesía, sabemos que hay un vínculo determinante por el que en la mayoría de casos se está impostando una imagen para afirmar la propia existencia desde la respuesta pública: buscando pompa y platillos, casi viviendo del halago y por el halago (el “por” es muy importante) y, en penosos casos, hasta de la ridiculización de la imagen de otros; todo para quedar mejor parados y sacarle un poco la vuelta a la inseguridad personal y a la escasez de una auténtica autoestima; porque a veces ya no se trata de superación sino de inferiorización de los demás y de usar cualquier recurso para verse únicos: si no se puede con paciente trabajo creativo se podrá entonces con los atuendos. Hay grandes artistas que le han dado harta importancia a su imagen pública; pero depender de ella es otra cosa, quien depende ya no es libre, y sin libertad de espíritu no se puede ser artista.

Las personas no somos un armario donde las cosas se guardan en gavetas separadas. Menos aun en el plano de la poesía, cuya fuente prístina es la vida propia. Si tienes remilgos en el vestir por razones de inseguridad o baja autoestima, los tienes en tu vida, y lo más probable es que los tengas en lo que escribes. La mayoría de quienes escriben y se presentan en recitales todo atildados, o sea aquellos en que no es una coincidencia el escribir y el ser remilgados, están demasiado pendientes de lo que sucede afuera, buscando admiradores para sentirse valiosos y únicos por ser intelectuales o poetas, quieren de afuera la satisfacción existencial y el desahogo para el vacío interior, separatividad en términos de Erich Fromm. Cuando se ponen a escribir siguiendo pautas que muy bien han aprendido de los maestros que leen, convierten en recetario las técnicas que los maestros han logrado en un difícil proceso de interiorización de experiencias vitales y solitariedad. Uno empieza con recetarios, claro, pero el proceso de interiorización nos construye una voz. Los temas vienen de adentro, sí, es cierto, pero el lego impaciente los desarraiga de inmediato en busca del halago fácil. Invierten el proceso: miran hacia afuera en lugar de mirar para adentro, que es la manera de construir una voz artística propia.

Pero hay algo más. Como estamos en la era del consumismo y la espectacularización de la existencia, crean su obra como mercancía y producto. Puede ser bonita, desde luego; pero quiero ir un poco más allá: no es el arte la finalidad sino que lo es más bien el artista. El arte es el mecanismo del artista para forjar su espíritu, quizás sin darse cuenta racionalmente, en un acto de amor a sí mismo que es a la vez amor a todo; en verdad el producto es él o ella. Él o ella se construye a través de su arte, así como los arqueros del Zen, cuya finalidad no es darle al blanco sino el temple y la forja de su espíritu a través de su arte. En ese sentido recuerdo al cineasta Alexandr Sokurov explicando una de sus obras maestras con la frase “necesitaba aprender”, a Kafka rehusando la publicación de su obra, a Onetti diciendo que escribe para él mismo (su gran amigo Eduardo Galeano no le cree porque, estoy seguro, en él el proceso es bastante inconsciente). Y, de hecho, no es el arte la sola herramienta del artista para crear (y recrear) el humano que quiere ser; ni siquiera tiene el arte ese privilegio. En un bello poema, Eielson expresa la revelación de que el arte no es un producto:

No es necesario escribir bien

Para escribir un poema
Se necesita sólo amar
Y amar solamente
Aunque lo mejor es siempre
No escribir

Le doy la razón a Eielson en que no importa si un poema está bien o mal escrito, porque un poema puede estar en determinado momento del proceso (si es que lohay), en algun estadío del proceso amoroso que puede durar toda la vida. (Vean al mismo Vallejo principiando su proceso, aquí) Y por esto me retracto de las críticas estilísticas (aunque válidas en el sentido académico) que pude hacer a los poemas del festival, porque no está mal escribir mal... Había, sí, muchos poemas sin voz propia, con respiración asistida, meros ejercicios de recetario; pero nada nos dice que esos poemas no estén en las primeras etapas de un hermoso proceso personal en que aún se debe descubrir cómo mirar hacia adentro y darle poca importancia a la respuesta del exterior. Y en ese sentido se entienden también las autocríticas estilísticas que en su momento se hicieran varios artistas, como en los poemas de Heraud y Neruda que mencioné en la polémica (este y este).

Al margen de mi disgusto por los remilgos de los recitadores, aunque dejo sentado que sí tienen que ver con la poesía, amorosamente les daría este consejo, que no es mío sino de Rainer María Rilke (cuyas ideas animan todo este “post”): dejen de mirar tanto hacia afuera, porque ese afuera es caos para el espíritu de ustedes; y si no se forjan, ensimismándose, un orden interior que pueda armonizar el caos, pueden terminar siendo barridos por él.

jueves, diciembre 01, 2011

... Por qué no habrán escrito los autores

Deberíamos evitar elogiar el gusto o el criterio de cualquiera. Pues decir "qué buen gusto tienes" o "qué buen criterio tienes" equivale exactamente a decir "tienes un gusto similar al mío" o "tienes un criterio similar al mío"; o, en el menos vacío de los casos, a "tienes un gusto (o criterio) similar al de mis referentes".

Con el mismo criterio deberíamos entonces considerar que sería bueno no descalificar nunca el gusto o el criterio de los demás, pues hacerlo equivaldrá exactamente a la simple noticia de la divergencia: "qué pésimo gusto" significa "qué distinto es tu gusto del mío", ni más ni menos; vacua palabrería, a menos que lo sustentemos en hechos distintos de lo que queremos demostrar, evitando así el razonamiento circular... pero aun así, a la larga, si nos vamos hasta el fondo en el análisis, estoy casi seguro de que vamos a acabar en tautologías y peticiones de principio.

Y aun así, siempre será bueno criticar (con base y no a la mala), más por incentivo a la diferencia, a la variedad y la creación culta (cultivada) de usos, ideas y conceptos. Y será bueno por el hecho simple de que la crítica (honesta) amplía el sector humano capacitado para percibir ciertas cosas que pueden mejorarle la existencia.

lunes, octubre 10, 2011

Imitadores: ¿por ventura o maldición?

(Artículo incluído en la quinta edición de la revista arequipeña "Contranatura".)                                 

Victoria Horner, con algunos de sus compañeros de campo.

En el Lago Victoria, de Uganda, La investigadora Victoria Horner muestra a una niña una caja opaca con un agujero largo que lleva dentro una pequeña recompensa, y que a su vez tiene dispositivos mecánicos externos y algunos huecos. Provista de una vara delgada y usando los dispositivos mecánicos y los huecos, que no tienen ninguna conexión con el espacio del agujero largo, Horner desarrolla frente a la niña una larga secuencia de acciones después de la cual jala la recompensa hasta sacarla del agujero largo. Luego pone una caja idéntica frente a la niña y esta reproduce con la vara la secuencia de acciones sin ningún error y saca a su vez la recompensa. Nada fuera de serie. Luego se dirige la investigadora a un santuario para chimpancés rescatados en la cercana isla de Gamba y reproduce el experimento con un pequeño chimpancé que no tiene problemas para copiar con la vara la larga secuencia de acciones y extraer la recompensa. (Recuerde el lector que por ser opaca la caja, ni el chimpancé ni la niña pudieron advertir la desconexión entre el agujero largo y los huecos y demás dispositivos externos de la caja.) Pero ahora Horner repite el experimento con una caja transparente que evidencia tal desconexión; es decir, se nota claramente que la larga secuencia de acciones ahora no tiene efecto en la existencia de la recompensa en el agujero largo ni facilita de manera alguna su extracción de la caja. La niña, humana ella, reproduce la secuencia de acciones y saca la recompensa. Y el pequeño chimpancé obvia la secuencia y extrae su recompensa directamente.

En este documental de National Geographic se ven más detalles de este y otros experimentos importantes vinculados con nuestro asunto.

¿Está probando la doctora Horner que una deficiencia de pensamiento racional nos hace humanos? ¿Somos superados por chimpancés en algunos aspectos de la inteligencia? ¿Pero entonces por qué a la larga los humanos somos los que hemos mostrado tan elevados niveles de pensamiento racional y lógico en comparación con otros simios, y luego una alta tecnología que hasta parece sacarnos del reino de la naturaleza? Algunas de las respuestas a estas preguntas se encuentran en otros experimentos que muestran en nosotros especiales aptitudes como habilidades cooperativas y sociales, otras lingüísticas y otras relacionadas con un instintivo interés elemental por entender el funcionamiento físico del mundo.

Pero el experimento de la doctora Horner nos muestra más bien un aspecto esencial, aunque aparentemente desventajoso, de nuestro comportamiento, que nos hizo lo que somos induciendo en el proceso evolutivo las aptitudes claramente ventajosas que hemos mencionado y siendo a la vez inducido por ellas.

El biólogo evolucionista Richard Dawkins acuñó en su obra “El gen egoísta”, el término “meme” para identificar unidades de transmisión de un tipo de información paralela a la información genética (el ADN) sobre la que actúa la selección natural. Dawkins define la cultura de un individuo, no solamente humano, como el corpus de memes transmisibles por imitación, mas no por herencia genética; y define un “acervo de memes” como la totalidad de memes disponibles en una población animal para ser adoptados y probablemente transmitidos por cualquier individuo de ésta. Pero no sólo habla de adopción y transmisión de memes, sino también de sus mecanismos de aparición: ensayo y error, razonamiento elemental y analogías con otros fenómenos observados… es decir, los mecanismos del mismo surgimiento de la cultura.

Justamente las ventajas de los humanos sobre los otros simios en las aptitudes mencionadas tienen que ver con los mecanismos de surgimiento de la cultura. Estas ventajas actúan muy raramente, en analogía con la escasa probabilidad de ocurrencia de mutaciones genéticas sobre las que opera la selección natural. Para entenderlo coloquialmente, de todas las acciones de aprendizaje humano, un logro creativo u original ocurre “una a las quinientas”; y el resto de tiempo de aprendizaje nos la pasamos imitando, y aquí va la clave: ¡imitando mucho más que otros animales! ¿Pero si se dan tan rara vez, cómo pueden estos pequeños logros de creatividad configurar una cultura? Sigamos en analogía con la selección natural: cuando esta se da, una característica original y ventajosa surgida por mutación, compite con la ausencia de la misma en otros individuos y su ventaja asegura la supervivencia del que la porta sobre los que no la desarrollaron, de modo que se hereda (por imitación química de ADN) y queda registrada en el acervo génico de la población y cuando surge otra, y luego otra, estas van configurando una especie por acumulación. Cuando se da la selección cultural el proceso es similar: el descubrimiento o invento ventajoso se registra en el acervo mémico de la población y por acumulación varios de estos van configurando una cultura. Eso explica por qué teniendo en esencia la misma fisiología neuronal que un hombre de las cavernas, tenemos una civilización tan distinta (que sea mejor o peor que las organizaciones socioculturales prehistóricas es una deliciosa polémica que dejaremos para otra oportunidad).

Como veíamos, sólo la imitación pre-programada biológicamente, que necesariamente evolucionó actuando ya sobre la práctica creativa pre-humana, nos permitió sortear mil y un obstáculos de vida o muerte en la sabana africana permitiendo que sobre culturas ya establecidas aparecieran nuevas maneras de sacar provecho a recursos y posibilidades. Y esto a la vez nos hizo más “imitadores” del prójimo, sacando ventaja a otros grupos pre-humanos “poco imitadores” que no tuvieron éxito suficiente para colocar sus genes “poco imitadores” en las generaciones siguientes de la especie en formación. O sea que los genes permitieron el éxito de la evolución memética (la que da por transmisión cultural), y a su vez el genoma –que es el código de la construcción de la fisiología de un organismo incluyendo patrones de conducta no aprendidos– se configuró como una especie de guía de fabricación de un complejo hardware adaptado para albergar un software de información cultural con alta transmisibilidad. Tenemos, pues, dos sistemas de información, uno “génico” y otro “mémico” cooperando en la configuración de grupos de individuos evolutivamente exitosos capaces de transmitir a sus descendientes, además de los genes “imitadores”, tecnologías aprendidas de supervivencia que son cada vez más sofisticadas. Pero hay una gran diferencia entre el proceso evolutivo por selección natural y el proceso de configuración de la cultura: la selección natural es lentísima mientras que las culturas evolucionan a una rapidez increíble si hacemos la comparación. Así, un meme o rasgo cultural demora poco tiempo en consolidarse en una población humana mientras que un rasgo evolutivo ya consolidado generalmente es arcaico. Y con el advenimiento de la alta tecnología de las comunicaciones, esta brecha de velocidades evolutivas entre ambos sistemas de información que nos constituyen, se acrecienta enormemente al aumentar la cantidad de individuos de la población que evoluciona: en la evolución biológica, a mayor número de individuos tarda más un rasgo génico en afianzarse o desaparecer; mientras en la evolución cultural, a mayor número de individuos bien conectados, más rápidamente se afianza un rasgo mémico, aunque no necesariamente desaparecerá tan rápido como apareció.

Veámoslo claro. La diferencia esencial que la imitación pre-programada nos dio frente a otros simios, la constituyeron la rapidez y la masividad grandiosas con que determinado invento o descubrimiento se esparcía por toda la población, favorecidas desde luego por la evolución de una fisiología especial para el lenguaje articulado. Mientras otros simios imitan sólo cuando les conviene subjetivamente (el chimpancé que sabe innecesaria una acción ya no la imita), los humanos imitamos aunque la acción no parezca convenirnos (aunque, claro, cada especie imita o deja de imitar hasta ciertos grados que son distintos para cada una). Esto fue un triunfo de inteligencia de grupos sobre la inteligencia de individuos: en los humanos lo que el individuo no entendió será igualmente aceptado y repetido, y eso será conveniente porque algún otro individuo ya lo entendió y constató su eficacia para que otros disfruten esa eficacia de inmediato; mientras en una sociedad chimpancé un mismo descubrimiento (uno de cierto nivel que permita la comparación con el caso humano) deberá ser descubierto muchas más veces, lo que resta posibilidades de innovación, pues con menos rapidez se consituirán bases de cultura sobre las que seguir innovando. He ahí la clave de nuestro éxito evolutivo hacia la era del conocimiento y la alta tecnificación, y hacia el considerable control sobre la naturaleza al que hemos llegado. Pero he ahí también lo que parece ser nuestra perdición y la semilla de nuestro posible fracaso como especie.


"¡Cuidado!... memes infecciosos." Sello que deberían llevar obligatoriamente la gran mayoría de pantallas televisivas.

Repetir sin saber: genial estrategia de supervivencia, de la mano de cierta capacidad inventiva superior. Pero en los meandros de la evolución los humanos formábamos hordas de no más de unas cuantas decenas de individuos, de modo que un rasgo mémico podía ser evaluado en poco tiempo según el éxito o el fracaso en términos de supervivencia del grupo, y así, de no ser conveniente, podía rápidamente desaparecer. Pero por lo altamente imitativos que somos, más lo altamente interconectados que estamos, más lo increíblemente poblados y globalizados que estamos; todo rasgo cultural pintoresco será difundido masivamente y consolidado casi de inmediato, pero tardará demasiado tiempo en verificarse nocivo para la especie (por la alta complejidad de las relaciones sociales, pues la complejidad no aumenta en la misma proporción que el tamaño de la población sino a escalas exponenciales), y finalmente -una vez reprochado- demorará muchísimo tiempo más en ser desaparecido del acervo cultural, pues su desaparición se lentificará por la incesante tendencia a seguir imitando aun los comportamientos mediatos, quiero decir, los no observados directamente (en las hordas sólo era visible lo inmediato)… Pasa con los videojuegos, la televisión basura, la adicción a las redes sociales, al chat… Porque, tengámoslo en cuenta, es de esperarse que lo novedoso sea mayormente nefasto tanto en lo genético como en lo memético. Así como la mayoría de mutaciones genéticas son fatales; sin mecanismos rápidos de regulación imitamos mayormente lo malo porque, aunque sea pintoresco y atractivo, lo malo, lo nuevo desventajoso en términos de evolución cultural (así como lo nuevo desventajoso en la evolución por selección natural), es lo más abundante en el acervo de innovaciones, ya que todas han surgido de manera más o menos espontánea, sin control previo de su idoneidad.

Y además, para empeorar el asunto, parecemos haber anulado ciertos mecanismos naturales de regulación de comportamientos culturalmente aprendidos. El hastío y el aburrimiento que sentimos ante la continuidad de una conducta al agotar sus aspectos atractivos que inicialmente nos cautivaron, podría haber actuado a manera de verificación negativa de su idoneidad, a manera de signo de que la insistencia en tal conducta no va a traer consecuencias buenas para la supervivencia. Es natural que algún otro estímulo atractivo propicie un nuevo rasgo conductual que se mantendrá si empieza a dar satisfacciones o se anulará si deja de darlas, siendo esta anulación una verificación negativa de idoneidad. Pero aquí la creatividad no ha actuado a favor de los humanos sino en contra de ellos: para combatir el aburrimiento o quizás por simple mercantilismo o por falta de imaginación, hemos optado por renovar sólo la apariencia de estímulos nocivos que sustancialmente siguen siendo lo mismo. Un videojuego envejece rápidamente y como consecuencia se tienen miles de programadores creando las propuestas más atractivas que den formas y matices distintos a los mismos esquemas de interacción; se tienen miles de especialistas, con muy buen manejo de sicología de masas, que orientan la renovación los formatos y los personajes de la telebasura pero los esquemas esenciales siguen siendo lo mismo; guionistas muy bien pagados cambian ciertos detalles de un patrón argumental de telenovela o de su presentación, y ya vende otra vez; y así se logra engañar a ese detector de perversión que es el hastío.

Somos simios jugando con conocimiento y tecnologías para los que no estamos preparados, porque los mecanismos naturales de regulación cultural parecen habérsele escapado de las manos a la naturaleza… Aprendemos muy rápido lo que fácilmente puede ser nefasto y demoramos mucho en desecharlo: ¡cuán rápido comenzamos a envenenarnos con combustibles fósiles y nucleares y cuán lento nos resulta ahora decidirnos a ser independientes de ellos! ¿Por qué nos es tan fácil volvernos adictos a la telebasura y tan difícil dejarla? Entre otros motivos, porque somos imitadores en masa, porque no nos importa mucho que todo eso sea nocivo en el largo plazo aunque lo sepamos. Un humano “chimpancé” apagaría el televisor como el chimpancé de la doctora Horner obvió la secuencia de acciones sobre la caja transparente al “razonar” que era inútil. Nosotros seguimos prendidos de la telebasura y de la inmediatez deshumanizante de la sociedad de la informática (sin negar que esta última pueda ser positiva en otros aspectos) porque ha pasado suficiente tiempo antes de que Giovanni Sartori y Nicholas Carr hicieran sus advertencias; y esperemos que no pase mucho tiempo –seamos creativos para esto– antes de que encontremos una estrategia global que nos devuelva a la naturaleza autocontrolada sin un temible desequilibrio traumático.

lunes, agosto 29, 2011

All you need is love, Say no more


Charly García: una travesía a otro mundo en Arequipa

Cuando Charly García entra al escenario, tú, que sabes de él, te le quedas mirando y te dices qué animal es ése, por qué tiene luz propia, y sabes que decirte eso tiene poco de retórica porque saber de él —haber quedado perplejo con Boletos, pases y abonos al menos la primera vez que la oíste, o sea saber de él— no es suficiente para entender qué animal es ése, de dónde esa luz propia. Y cuando comienza a sonar Cerca de la revolución entiendes que estás de travesía en otro mundo y que lo tienes enfrente. De pronto ya te reconoces parte de él, siempre lo fuiste en realidad, estar ahí es ahora natural para ti y cantando “aunque vives en mundos de cine, no hay señales de algo que viva en ti”, ambos, Charly y tú, saben que se lo dicen a los que están en este mundo, al que has de regresar al final del concierto pero eso no te importa; súbdito de la verdad, te sientes pertenecer a un todo supremo. Vociferas “cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada” y eres comprendido, multiplicado, eres muchos, infinitos. Pero antes que de Charly, lo reconoces, tú siempre fuiste de Sui Generis, y lo escuchas cantar Confesiones de invierno, no lo puedes creer y se te hacen agua los ojos, Charly termina y dice que ese tema es una mentira porque tenía 15 años cuando lo compuso… pero pocos advierten la trampa: Charly nunca dejó de tener quince años.
Sí, hay éxtasis; pero no pierdes la ternura, y la sientes contigo mismo; esta vez no lo cantas, te basta con la voz de Charly: “me siento mucho más fuerte sin tu amor”, y lo repites con amor… La consciencia tiene ahora la importancia de un suvenir y llega un tema del nuevo álbum, Charly diciendo cosas como “no importa la revolución” y “no importa Chopin” —ese Charly que en los últimos años se ponía serio sólo para tocar Beatles— ahora parece ser el John Lennon del famoso recital en Nueva York pregonando “no creo en el yoga”, “no creo en Zimmerman (Bob Dylan)”, “no creo en los Beatles”. Y recuerdas que con Charly eres un veterano del ejército del Sargento Pimienta, aquella legión del Amor: “Oh, no puedes ser feliz, con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor… Oh, dame tu amor a mí, estoy hablando, hablando a tu corazón.” Y son, Charly y tú, veteranos en ejercicio de la consigna all you need is love, y van más allá de la apología: “un amor real es como vivir en aeropuerto”, “gozar, es tan parecido al amor”. Charly lamenta haber crecido con Videla y tú recuerdas haber crecido con Fujimori. “Estoy verde, no me dejan salir” te parecía relleno postmoderno y le encuentras sentido: “tengo que confiar en mi amor”. Promesas sobre el bidet te parece arqueología sagrada, y aun así adviertes que tú tampoco aprendiste a vivir. Y todo esto allá, en el otro mundo.
… Hasta que Charly anuncia “Eiti leda” y tú te dispones a morir. Lo creíste decadente, te atreviste a dudar de él y él te viene con Serú Girán (la canción viene de Sui pero Serú la sublimó). Ya no te preguntas cómo lo hará, los sonidos hacen sinfonía: la voz femenina te refresca; el bajo por allá te deforma, te reformula; entra el sintetizador y marca un cambio de todo, subes; entra el piano y vuelve a cambiar todo, subes más; una escala larga de acordes con un redoble de todo un compás en los tambores, que culmina con la melodía inicial en la voz femenina llena de todos los instrumentos, es concluyente; no sabes nada, no entiendes nada… sólo explosionas…
Y la misma canción te devuelve a este mundo, dulce, plácidamente... Regresas. Reconoces lo cotidiano… ¡Gracias, Maestro!

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lunes, mayo 30, 2011

Auscultando el huevo de la serpiente


Mujeres en la marcha antiFujimori del 26 de mayo, en singular acto de protesta.

En una ruta de transporte público, a un asiento atrás del que ocupaban dos estudiantes, se oyó parte de una interesante conversación.
- ¡Ni hablar! Yo no puedo votar por 300 000 esterilizaciones forzadas.
- ¿Ah sí? A mí me parecen muy bien ah. ¿Qué puedes hacer con tanta gente que se reproduce así nomás sin condiciones para mantener tantos hijos? Así son los indios, tú pretendes educarlos y ellos no te entienden. Llega el marido borracho y le hace abrir las piernas; y la otra, ignorante, abre las piernas nomás.
- Me pones los pelos de punta con lo que me dices. No te importa el sufrimiento causado…
- Es un mal menor. No abras tanto los ojos –dice riendo–. No soy la única que piensa así. Muchísimos sabemos que esa medida se tomó, y la aprobamos; si no, no la apoyaríamos con nuestro voto.
- Pero ponte en el caso de esas mujeres. ¿A ti te gustaría que te liguen las trompas a la fuerza y con engaños?
- Si fuera ignorante deberían hacerlo. Pero no es el caso pues. Yo no soy una ignorante. Es diferente. Esa gente no percibe la realidad, no se da cuenta por dónde se debe llegar al desarrollo.
- Esa es una muy buena razón. Lo que ocurre es que hasta las razones muy buenas se basan necesariamente en principios.
- Claro, lo sé. Eso lo hemos estudiado en teoría del conocimiento, los principios no necesitan demostración porque son evidencias de la realidad. Y los principios por los que se hicieron las esterilizaciones son bastante obvios, ¡no puedes negarlos!
- Lo que pasa es que para formular un principio es inevitable tomar una parte de la realidad, y al conceptuar la evidencia uno siempre es arbitrario, también lo hemos estudiado.
- ¿A dónde quieres llegar?
- A que a menudo los principios que asumimos están muy contaminados con nuestras emociones y nuestros prejuicios (en nuestro caso, el racismo). Y eso les pone un peligroso sello de parcialidad.
- No me irás a decir que las altas tasas de embarazo de las indias a pesar de su miseria son un prejuicio nuestro.
- No, no podría negar que existía ese fenómeno.
- ¿Entonces? Ahí está, tenían que hacerlo.
- El problema está cuando uno ve sólo lo que quiere ver, en función de lo que quiere justificar; así se hace muy fácil encontrar razones, y muy buenas, que luego calan en la mente de mucha gente. Así, las razones de Hitler para arrasar con los judíos eran brillantes, las de Al Qaeda para destruir Occidente también lo son.
- Ay, qué chistosa. Tu ejemplo sí es gracioso. ¿Cómo vas a comparar una cosa con la otra? No es lo mismo.
- ¿Me dejas demostrarte por qué es parcializada la visión que justifica ese crimen de 200 000 esterilizaciones forzadas?
- Es crimen para ti. Para mí fue una necesidad social.
- Ya. Pero déjame demostrarte.
- Te escucho.
- Basada en la realidad de los indígenas en la sierra peruana, me dices que cuando una cultura reincide en un error que la condena al atraso y la miseria, y cuando a la vez se niega por ignorancia a ser instruida por quienes conocen la solución, se justificaría una intervención externa que violando su albedrío y su constitución física y psicológica, o sea sus derechos humanos, apunte a resolver el problema sin importar el sufrimiento causado porque a fin de cuentas sería un mal menor.
- Sí, eso dije, y es lógico, porque se hace incluso pensando en ellos.
- ¿O por ellos?
- A veces es necesario. Se justifica.
- Bueno, veamos otro problema social que es muy similar al problema que tú has mencionado, y que se está dando especialmente en las clases altas nuestra sociedad: miles de niños y adolescentes sufren por desamor; sus padres están muy concentrados en sus finanzas, en sus negocios; los educan la televisión basura, facebook y el chat; su rendimiento académico deja mucho que desear pues, aunque supere por poco el de las clases bajas, en general no entienden lo que leen, porque no leen como hábito, y no son capaces de formular una relación matemática; y como salida se refugian en una molicie de superficialidad, en la droga desacralizada, en la juerga momentánea; y si estudian una carrera universitaria lo hacen por cumplir, por contentar a sus padres, porque a su pesar deben mantenerse de adultos a sí mismos o saber cómo administrar el negocio de la familia; y han aparecido universidades que no les exigen la excelencia, que sólo les aprueban los cursos porque pagan su pensión, su matrícula y sus subsanaciones; y con todo esto terminan condenados a una mediocridad mayor que la de sus padres, que sólo les asegura éxito material y cero en amor, cero en cultura, cero en calidad humana, cero en libertad. Hace poco leí un informe sobre “la depresión de la tumbona”, se trata de muchísima gente que ansía unas vacaciones que, una vez llegadas, ya no puede disfrutar, porque la oficina absorbió toda su existencia, y ahora sienten tal vacío espiritual que el solaz les es insoportable y deviene una nueva ansiedad por volver a la oficina.
- Pero bueno, esa es una visión.
- Es una visión, como lo es la visión tuya de lo que ocurre en la sierra. Ambas con muchas evidencias tomadas de la realidad. Tú has estudiado en el colegio X, ¿verdad?
- Sí.
- Siendo uno de los más caros y exclusivos, mira cómo ya tiene dos casos de suicidio de sus alumnos por problemas existenciales relacionados con la realidad que grosso modo te he presentado. Esos suicidios son dos casos extremos de un mal generalizado en ese ambiente.
- ¿A dónde quieres llegar?
- Ya hace varios años, este fenómeno fue identificado por profesionales de diversas áreas que han publicado sus conclusiones y sus recomendaciones, se han creado talleres de padres, se ha tratado de formar nueva consciencia; y la cosa sigue de mal en peor. No quiero decir que las soluciones planteadas sean necesariamente las adecuadas, es posible que aún no se haya puesto en marcha una estrategia eficaz.
- ¿Ya ves? Ya sé a dónde quieres llegar. No es lo mismo. Tú misma estás diciendo que nada asegura que se haya encontrado la estrategia acertada.
- De acuerdo, nada lo garantiza. Supón que llegaran al poder unos fundamentalistas de lo autóctono, unos fascistas de lo indígena que añoren el Tawantinsuyo y que repudien a priori todo rasgo de cultura occidental, que antepongan sus fines frente a los derechos humanos.
- No estaríamos yendo a clases de francés.
- Obvio. Cerrarían el Instituto y nos obligarían a estudiar quechua.
- Y si nos negamos, nos matan.
- Claro. Y argumentando que como la élite pudiente no entiende razones, como es ignorante y reincidente en un modo de vida que la condena al atraso… ¿qué “brillante” solución crees que le darían al problema del desamor y la superficialidad de esa clase social?
- (Indignada) ¡Sería terrible!
- No lo dudarían un segundo. Según ellos, habría que evitar que muchos ignorantes ricachones tengan hijos a los que no pueden asegurar una educación amorosa y humanista que garantice su estabilidad emocional. Tú misma estarías ya contada entre las víctimas, yo, mi hermana…
- Tienes razón. Pero me has dicho que no necesariamente se ha encontrado la alternativa correcta. Habría que seguir buscándola pero no se debería proceder con métodos salvajes.
- Seguir buscándola, y aplicarla, implica paciencia y muchísimo esfuerzo, y trabajo en equipo. Implica aspirar a conseguir resultados en el largo plazo porque hablamos de problemas complejos. Un pragmatismo surgido de la impaciencia podría ser criminal. Justamente el amor es lo que propicia una actitud de sana paciencia y esfuerzo compartido.
- Es que cada quien al final tira para su lado.
- ¿Y qué va a pasar si aceptamos que cada quien tire para su lado, con sus soluciones perfectamente justificables según principios arbitrarios y parciales?
- Nos destruimos.
- Quién destruye a quién depende nomás de quién tiene el poder en determinado momento. Si aceptamos la devastación del otro cuando el poder lo ejerce quien nos representa, ¿con qué solvencia iríamos a defender nuestra humanidad cuando los otros lo ejerzan?, sólo podríamos responder con más violencia. Eso: violencia sobre violencia.
- Y odio sobre odio.
- Hace un momento te dije algo del amor…
Continuaban hablando las compañeras cuando el testigo de este diálogo, llegado a su destino, tuvo que abandonar el ómnibus en que agradece haberlas escuchado.

lunes, marzo 21, 2011

Día Internacional de La Poesía (o si se quiere: "¿Feliz día, poetas?")

Me entero de que hoy es el Día Internacional de la Poesía... y en estos tiempos no encuentro mejor homenaje que estas estrofas del maestro Atahualpa Yupanqui.
 

Tú crees que eres distinto porque te dicen poeta
y tienes un mundo aparte más allá de las estrellas.
De tanto mirar la luna ya nada sabes mirar,
eres como un pobre ciego que no sabe a dónde va.
Vete a mirar los mineros, los hombres en el trigal...
y cántale a los que luchan por un pedazo de pan.

[...]
Vive junto con el pueblo, no lo mires desde afuera
que lo primero es ser hombre y lo segundo poeta.

Que lo primero es ser hombre y lo segundo poeta.